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Directo a Japón 2018 - Diario de viaje (Día 24) - Kioto

De la tranquilidad del Kumano Kodo al bullicio de Kioto en primavera

23 de Marzo de 2018

     Suena el despertador a las 6:30 tras una noche menos traumática para mi espalda gracias a que metí entre futón y futón una colcha que quedaba en el armario. No era la panacea, pero ayudó. Habíamos reservado hora para el desayuno a las 7:00, así que siendo puntuales como un reloj, salimos justo a esa hora y ya estaba todo preparado en la salita de la entrada. La verdad es que no se le puede negar al propietario que se esmera con el desayuno, porque además de estar bastante bueno, la presentación es increíble. Hoy tocó sopa de cebolla, las mismas tostadas que ayer, huevos cocidos con lechuga, tomates cherry, un poco de bacon y algo que a mi me pareció una especie de papas empanadas, terminando el desayuno con un poco de yogur.

Tras desayunar y terminar de recoger nuestras cosas, nos despedimos del dueño y pusimos rumbo a la parada del bus que está justo frente a la oficina de atención al turista. Todo esto para luego darnos cuenta de que ese mismo bus paraba casi delante del guesthouse, pero como nadie nos dijo nada...pues eso.

  • La larga odisea hasta Kioto:

Nos esperaban dos horas en un bus normalito de pueblo, nada de bus turístico, de esos que botan con cada piedra que encuentran por el camino. Pasamos por todos los puntos posibles de Wakayama, recogiendo por igual a extranjeros y japoneses. Al menos no mareé en ningún momento, y eso ya es de agradecer.

El final de la ruta en el bus era la estación de Kii-Tanabe, una pequeña estación donde cogeríamos el siguiente tren hasta Shin-Osaka tras un viaje de algo más de dos horas. Aquí dimos alguna que otra cabezada, y cuando más a gusto empezaba a estar ya llegamos de nuevo a la civilización. Y no se que nos pasa con esta estación, pero siempre nos pasa algo cuando vamos. Esta vez fue que hubo un retraso casi generalizado en todos los trenes que iban en dirección Kioto, así que tuvimos que improvisar un nuevo tren para intentar ganar algo de tiempo, pero igualmente se retrasaban uno tras otro.

Finalmente llegamos a Kioto, con multitudes por todas partes. Me dio la sensación de que había más gente que en otros viajes, pero tal vez sea mi imaginación. Como se había retrasado la llegada, decidimos parar primero a comer antes de ir al hotel a hacer el check-in. Como hago siempre, subimos a las plantas superiores de la estación para comer un ramen en la planta especializada en restaurantes de este tipo.

Por desgracia esta vez escogimos mal, y entramos a uno por probar, y salimos escaldados, porque estaba malísimo. Les voy a dejar la foto por aquí para que lo eviten si pasan por la zona.

 

 

Tras el varapalo culinario, nos fuimos al hotel, el Kyoto White Hotel, un clásico en mis viajes. Tiene una ubicación que me encanta, a 2 minutos andando de la estación, con vistas a la Torre de Kioto, y una zona tranquila. Además solía ser barato, aunque esta vez parece que han subido un "poco" el precio. Al llegar nos atiende en recepción una chica que no hablaba ni papa de inglés, nos da la llave y ¿¡una botella de agua!?. Subimos a nuestra habitación y me encuentro con que no ha habido prácticamente ningún mantenimiento del edificio en estos años, porque se notaba a la legua que estaban las mismas cosas que en 2014, que ya en aquella época estaban viejitas.

Sentí algo de pena, porque es un lugar especial para mi, ya que fue de mis primeros alojamientos en Japón y lo relaciono con esa ilusión primeriza. Pero está claro que como no se pongan las pilas esto se les viene abajo y por aquí no me ven más el pelo.

Lo siguiente fue salir en dirección al Kiyomizudera, que aunque el edificio principal está en obras, nos apetecía dar una vuelta por los alrededores sin llegar a entrar, que ya lo tenemos más que visto por dentro. La primera sorpresa fue comprobar que casi no podíamos dar un paso por la calle, estaba a tope de gente, y además muchísimas chicas jóvenes vestidas con yukata. Sin duda ha sido la vez que más gente he tenido que esquivar en mis visitas a esta zona.

 

 

Tras las fotos de rigor, nos escabullimos por Sannen-zaka, una callejuela comercial con aire tradicional y varias tiendas a los lados que transcurre bajando por una cuesta cercana al Kiyomizudera. Estuvimos echando un vistazo, entrando a una tienda de objetos de Studio Ghibli, una de mis debilidades, y luego pasando a Ninen-zaka, otra calle del mismo estilo. 

 

 

Después de recorrer la zona, paramos por el Parque Maruyama, donde ya habían varios cerezos en flor, y un montón de chicas en yukata sacándose fotos con ellos de fondo. Acto seguido pasamos por el Santuario Yasaka, con sus farolillos y visitantes orando a los dioses, para después acabar dando un paseo por Gion, donde nos encontramos con una geiko de casualidad por una de las calles traseras a Gion Corner.

Como ya casi estaba anocheciendo, pusimos dirección a Pontocho, donde de nuevo quedó patente que hoy Kioto estaba a reventar de turistas, porque era casi imposible andar por los callejones, cosa que nunca me pasó en anteriores viajes.

 

 

Como ya iba siendo hora de cenar, estuvimos buscando un lugar de okonomiyaki que habíamos buscado por internet, pero parece que esa noche no atendían sin reserva, así que cogimos el bus nº 5 que nos llevaba de vuelta a la estación, y nos acercamos a otro restaurante, pero nos pasó exactamente lo mismo. ¿Resultado?, que acabamos en un McDonald´s. Triste, pero cierto. Allí nos encontramos con un señor que pertenecía a la Facultad de Económicas de una universidad de Uruguay, y nos comentó que ese día estaban allí 630 integrantes de la facultad, cosa que ya no me extrañaba viendo el volumen de gente por la ciudad.

Así que tras una triste hamburguesa, pasamos por un Family Mart a por un Van Houten y un meronpan para desayunar, que eso le quita las penas a cualquiera, y de vuelta al hotel. Mañana más sobre Kioto, y esperemos que con menos gente, aunque lo veo poco probable. ¡Nos vemos!.

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Comentarios

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Catikat

22/04/2018

Mi primer viaje fue en la primavera de 2016 y Kioto me pareció un horror respecto al mogollón de gente que había. Los buses ni paraban de lo llenos que iban y se nos hacían eternos los traslados.
Por la foto del Kiyomizu que pones tampoco veo tanta gente, así que podría ser peor :p

Directo a Japón

23/04/2018

Si por la foto no te parece que haya mucha gente es porque me las vi y me las deseé para sacarla sin todo el mogollón que tenía a mi espalda XD.
La verdad es que viajar ahora mismo a Kioto se puede considerar deporte de riesgo por la cantidad de turismo que hay, pero eso mismo se puede trasladar a otras ciudades del país. Esperemos que Japón sepa adaptarse a este crecimiento tan bestial que está teniendo y que no pierda su esencia.
¡Un saludo y gracias por comentar!